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5 cosas que el arte puede enseñarte sobre liderazgo (aunque no entiendas de arte)

5 cosas que el arte puede enseñarte sobre liderazgo (aunque no entiendas de arte)

Viviendo en este mundo del arte me he dado cuenta que hay una característica que se repite y se repite en la gente que dice no saber nada de arte. Y es ese conflicto interior que les genera no entender el arte.

Primero que nada, el arte no hay que entenderlo. Y segundo, esta incomodidad de no entender me parece fascinante.

Porque muchas veces, el arte que no entendemos nos puede ayudar a ver las cosas de forma distinta. Y esto es una cualidad clave para cualquier líder.

Piénsalo así:

Un líder casi nunca tiene todas las respuestas. Y aún así toma decisiones. 
Porque sabe mirar donde otros no están mirando.
Sabe sostener preguntas difíciles, moverse con ambigüedad y ejecutar sin tener todas las piezas del rompecabezas.

Es lo mismo que pasa cuando te paras frente a una obra que no entiendes del todo.

¿Pero qué tiene que ver el arte con el liderazgo?


1. Pensamiento crítico (el de verdad)

Cuando ves una obra de arte que no entiendes, el primer reflejo es seguir tu camino. Pero justo en esa incomodidad está lo interesante.

¿Qué pasaría si en vez de reaccionar automáticamente enfrentamos esa ambigüedad?

A lo mejor nos haríamos preguntas que nos ayuden a entender mejor el punto de vista del artista. Entenderíamos que a veces todo lo que necesitamos ante la duda es mirar las cosas desde otro ángulo. 

Porque el arte no está ahí para confirmarte lo que ya sabes.
Está para sacudirte un poco. Para hacerte pensar distinto. Para activar conexiones nuevas.

Liderar también es eso.
No es reaccionar en automático. Es leer el contexto.
Es preguntarte qué hay detrás de lo que ves. Qué no se está diciendo.
Ver causas, no solo síntomas.


2. Saber mirar sin afanarse

En el arte, lo más importante casi nunca es lo obvio.
A veces está en un detalle mínimo, en lo que se insinuó pero no se mostró.

Un líder que sabe mirar también capta eso. Precisamente porque sabe detenerse y detectar una pausa antes de una frase, un gesto incómodo, una contradicción.

Y no lo juzga rápido. No busca entender todo de inmediato.
Solo observa. Espera. Conecta puntos.

El arte te entrena para eso: mirar con calma. Con atención. Con curiosidad.


3. Creatividad 

Cuando vemos arte, nuestro cerebro está creando miles de conexiones nuevas, y para entenderlo tratamos de relacionarlo con nuestras experiencias pasadas, nuestros gustos, nuestra cultura. Este proceso crea millones de conexiones nuevas en tu cerebro, que son solo tuyas.

Y esto es una fuente infinita de creatividad. 
No la de las ideas “wow” o los brainstorms con post-its.
Sino la que aparece cuando el camino no está claro.
Cuando tienes que conectar cosas que nunca antes habías juntado.


4. Antídoto contra la rigidez mental

A quién no le ha pasado que ve un cuadro abstracto y dice:
“Eso lo podría hacer mi sobrino de 3 años”, “Eso no pasa en la vida real”, “Eso no es arte”.

Prefieren una liebre realista de Durero antes que un gallo deformado de Picasso.
Y está bien. Pero antes de juzgar, podríamos preguntarnos:

– ¿Por qué nos choca tanto cuando algo no se asemeja a lo que conocemos?
– ¿Y si hay valor en algo, incluso si no se parece a “lo real”?

Esa misma rigidez aparece en el trabajo cuando descartamos ideas o procesos porque “no son como siempre lo hemos hecho” o cuando invalidamos a alguien porque piensa distinto.

El arte nos dice que hay muchas formas de ver la realidad.
Y a entender que ver distinto no es ver mal.


5. Pausa (de la buena)

Frente a una obra no hay multitasking.
Solo estás ahí. Con lo que ves. Con lo que sientes. Te expone a miles de sentimientos y pensamientos que no sabías que estaban ahí. 

Y esa presencia sin prisa es cada vez más difícil de encontrar y cada vez más valiosa.

Mirar arte es una forma de entrenar la pausa.
De calmar el impulso de opinar ya.
De dejar que algo te haga efecto antes de reaccionar.


En resumen

El arte no te da respuestas. Pero te entrena a vivir mejor con las preguntas.
Y liderar, al final, tiene más que ver con eso que con cualquier otra cosa.