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Por qué tu equipo de marketing debería ir a un museo

Por qué tu equipo de marketing debería ir a un museo

Vivimos en un loop de dashboards, plantillas y TikToks con la misma música y el mismo hook que ya hemos visto muchas veces.

Y la verdad… llega un punto donde todo empieza a sonar igual.
Hasta las ideas nuevas se sienten recicladas.

Por eso llevar a tu equipo a un museo puede ser una de esas decisiones que parecen pequeñas, pero que se sienten como abrir una ventana después de horas en un cuarto cerrado.

Es ese empujón que necesitamos para salir del modo automático.
Que nos haga levantar la ceja, fruncir el ceño, detenernos un segundo más.

Que nos limpie un poco la cabeza.

Porque eso, aunque no se vea en la próxima reunión de lunes, se nota después:
En cómo pensamos, cómo proponemos, cómo miramos.

1. Porque dejas de consumir como espectador para consumir como creativo

Cuando empiezas a ver arte más a menudo, pasa que de pronto, ves una campaña en la calle o en Instagram y piensas: “¡Eso es un Magritte!”
O: “¡Esto está sacado directo del art nouveau!”

Y ahí pasa algo importante: dejas de consumir ideas como espectador y empiezas a leerlas como creativo.
Entiendes de dónde vienen. Qué lenguaje usan. Por qué funcionan.

La próxima vez que tu equipo vea una campaña de Renault con un retrato cubista para hablar de airbags, sabrán que no es casual.
Que alguien ahí tenía la referencia.
Y que saber identificarla no solo te da herramientas, también te pone a la altura de las grandes marcas.

Aprendes que detrás de cada idea poderosa hubo alguien que miró arte.
Y lo trajo de vuelta a su trabajo.

2. Porque amplía el rango de referencias

Todo lo que creamos viene de algo que ya vimos antes.
Y si lo único que hemos visto son reels, campañas, moodboards de Pinterest… las ideas empiezan a sonar como eco.

Un museo corta ese eco.
Lo rompe. Siempre he pensado que ir a un museo es la mejor forma de recuperar la creatividad. 

Es el sitio perfecto para encontrar una paleta de colores que jamás habrías combinado, una composición perfecta para contar una historia, e incluso figuras que sirven de inspiración para crear logos.

Lo que vemos, lo que nos mueve, siempre queda dando vueltas.
Y cuando menos lo esperas… aparece en tu diseño, en una portada, en una idea de campaña.

3. Porque cambia la conversación del equipo

Una visita al museo no es solo un buen plan de bonding entre el equipo. 

Es el sitio perfecto para dejar de hablar sobre KPIs, reach y conversiones, y empezar a hablar de

— ¿Qué sentiste al ver eso?
— ¿Por qué crees que usó ese material?
— ¿Cómo lo habrías contado tú?

Hablar así te desubica un poco al principio.
Pero también afloja la rigidez. Humaniza. Te entrena a escuchar.

Y lo mejor: te prepara para hablar de cosas que no entiendes del todo.
Para dar ideas sin tenerlas del todo resueltas.
Para dar y recibir feedback sin miedo.